Uno de cada tres pacientes con ictus precisa rehabilitación logopédica

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Ictus, que anualmente se celebra el 29 de octubre, desde el Colegio de Logopedas del País Vasco han destacado que «alrededor de un tercio de las personas con ictus pueden tener como secuelas problemas para comunicarse con los demás o entender el lenguaje, así como dificultad para tragar alimentos y beber de forma segura y eficaz». Según se recuerda desde el Colegio, «los logopedas son los profesionales sanitarios responsables de la rehabilitación de las secuelas relacionadas con la pérdida o deterioro de la capacidad de comunicación y de los trastornos deglutorios relacionados con el ictus».

Datos del estudio IBERICTUS demuestran una incidencia de ictus de 187,4 casos por cada 100.000 habitantes, lo que equivaldría a alrededor de 3.380 casos nuevos al año en Euskadi, el 52% en hombres y el 48% en mujeres. «Se prevé que dicha incidencia se incremente un 35% entre 2015 y 2035 debido, en gran parte, al aumento de la esperanza de vida de la población».

Se estima que dos de cada tres personas que sobreviven a un ictus presentan algún tipo de secuela, en muchos casos discapacitante. «Hablamos de secuelas físicas relacionadas con la movilidad, la visión, la capacidad de comunicación o la deglución, así como trastornos del ánimo, cognitivos y de personalidad. Estas secuelas tienen un impacto directo en la funcionalidad y en la calidad de vida de las personas con ictus y sus familias, implicando una pérdida de productividad en el caso de pacientes en edad laboral y una necesidad de rehabilitación y de cuidados para todos los casos».

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que tiene un gran impacto sanitario y social debido a su elevada incidencia y prevalencia, ya que constituye la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto. El accidente cerebrovascular puede darse bien por una oclusión de algún vaso sanguíneo en este órgano (ictus isquémico) o por una rotura del mismo con la consiguiente hemorragia intracerebral (ictus hemorrágico). En ambos casos, una zona del cerebro pierde su aporte sanguíneo, lesionándose de manera temporal o permanente, según sea cada caso.

La salud no es un lujo, es un derecho

Desde el Colegio de Logopedas del País Vasco ponen el foco en la necesidad de incluir de forma inmediata un mayor número de logopedas en los sistemas sanitario y sociosanitario por diversos motivos. «Existen a día de hoy Unidades de Ictus en hospitales de referencia de agudos en Euskadi en los que la figura del logopeda no existe. Esto supone, en el mejor de los casos, un inicio más tardío de la rehabilitación logopédica, supeditada al traslado a un hospital de rehabilitación para pacientes en estadio subagudo o al alta domiciliaria, para iniciar la rehabilitación de forma ambulatoria», han subrayado.

Según el Colegio, «la escasez de profesionales de la Logopedia en el sistema sanitario obliga en ocasiones a realizar tratamientos de una intensidad y duración menores a lo recomendado por la evidencia científica disponible en los casos de ictus. Asimismo, entre las personas mayores que han sufrido un ictus y se encuentran institucionalizadas existe enorme heterogeneidad en el acceso a tratamientos de rehabilitación de logopedia, en función del tipo de institución en la que estén ingresadas o residiendo».

«La escasez de logopedas en el sistema sanitario, público y privado, y sociosanitario, junto con la falta de información generalizada sobre la posibilidad de rehabilitación logopédica cuando esta es necesaria, hacen que muchas personas que han sufrido un ictus vean mermadas sus posibilidades de recuperación, su calidad de vida y su salud», revindican desde esta profesión sanitaria» recalcan.

Afectaciones de la capacidad de comunicación

Los problemas más frecuentes que pueden afectar la capacidad de comunicación tras un accidente cerebro-vascular son los que tienen que ver con la voz, el habla y el lenguaje.

Los trastornos que afectan a la voz, provocan dificultad para comunicarse debido a que puede aparecer una voz con un volumen mucho más bajo de lo habitual o con una sonoridad distinta a la anterior, por dificultad en el control de la coordinación de la respiración con la voz y del cierre de cuerdas vocales (hipofonías y disfonías). También puede existir una lesión directa de las cuerdas vocales en los casos en los que haya sido necesaria una intubación orotraqueal por complicaciones en la fase aguda o se haya tenido que practicar una traqueotomía.

Respecto a las alteraciones del habla, las más llamativas y frecuentes en el ictus son las disartrias. Son alteraciones neurológicas que provocan parálisis, debilidad o descoordinación en la musculatura implicada en el habla (lengua, labios, velo del paladar, laringe). Esto se refleja en afectación de la respiración, la fonación, la resonancia, la pronunciación o la entonación. Cuando hay una parálisis facial muy marcada a causa de la hemiplejia, ésta también afectará a la pronunciación del habla.

Por último, se pueden dar las alteraciones del lenguaje o afasias. Una persona con afasia tiene afectada la capacidad simbólica que es la que permite expresar lo que se piensa y comprender lo que otros dicen. Existen varios tipos de afasia según las capacidades lingüísticas que se vean afectadas. Algunas personas comprenden mucho más de lo que pueden decir, otras hablan sin comprender lo que se les dice y, en los casos más graves, hay gran dificultad tanto para entender el lenguaje como para producirlo (mutismo, afasia global).

El objetivo inicial del tratamiento logopédico es reducir el impacto de la afasia en la persona, su entorno y en su vida cotidiana para evitar el aislamiento social y emocional que la pérdida inicial o deterioro de la capacidad lingüística pueda llegar a producir. La implicación del entorno cercano a la persona en la terapia es esencial, ya que como interlocutores clave de esa persona el logopeda deberá instruirles en una serie de estrategias para facilitar la interacción comunicativa entre ambos e incluso intermediar con terceras personas.

Afectaciones de la capacidad de deglución

Es necesario hacer una rehabilitación específica para los problemas de deglución para evitar, por un lado, que la persona pueda deshidratarse o desnutrirse por beber y comer menos cantidad de la que necesita su cuerpo porque le esté costando demasiado hacerlo; y por otro lado, evitar una de las consecuencias más graves de la disfagia, que es la neumonía por broncoaspiración. Esto puede ocurrir cuando el alimento, en lugar de pasar en su totalidad al esófago y de ahí llegar al estómago, se cuela a través de las cuerdas vocales hacia la tráquea, depositándose finalmente en el pulmón. A veces es evidente porque hay síntomas de atragantamiento como la tos, pero en muchas otras ocasiones, a causa de la pérdida de la sensibilidad en la garganta que el ictus puede causar, no se nota nada hasta que comienzan los síntomas de infección pulmonar.

El logopeda forma parte del equipo multidisciplinar que atiende la disfagia desde el estadio agudo del ictus hasta su etapa de secuelas más crónicas. Se lleva a cabo un programa de rehabilitación mediante maniobras posturales, ejercicios neuromusculares y respiratorios con apoyo de electroestimulación complementaria en algunos casos, dirigidos a aumentar el control de la deglución, la fuerza, la capacidad de expectoración, etc. Se trabaja en estrecha colaboración con el médico rehabilitador o el otorrinolaringólogo, quien realizará controles periódicos mediante videoendoscopia de deglución.

En los casos más severos, no será posible la ingesta por boca de ningún tipo de alimento en un inicio, y la persona deberá alimentarse a través de una sonda nasogástrica o gastrostomía. Otras personas podrán desde el principio comer por boca pero precisarán de modificaciones en la dieta, adaptando la consistencia de los alimentos para darles seguridad hasta que la rehabilitación avance.

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