Las pandemias del futuro se controlarán sin PCR

Expertos en nuevos patógenos y su control se han reunido ayer, en el marco de la jornada ‘Infecciones emergentes: un reto para la salud pública’ de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB) y el Colegio Oficial de Biólogos de Euskadi (COBE), para reflexionar sobre el pasado, presente y futuro de las pandemias y epidemias. Así, respecto al control de este tipo de crisis sanitarias, Mikel Aguirre, doctor en Biomedicina y Biología Molecular y director técnico de Anbiolab, ha destacado que, “gracias a los avances tecnológicos y las nuevas técnicas de secuenciación, también conocidas como de tercera generación, las pandemias del futuro se controlarán sin necesidad de PCR, ni contar con una secuencia que sirva de referencia”.

La actividad formativa ha contado con la participación de Miren Basaras, profesora de microbiología en la Facultad de Medicina y Enfermería y responsable Covid de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU); Christian Gortázar, catedrático del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos de la Universidad de Castilla-La Mancha y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Alberto Santolaria, investigador de la UPV/EHU durante 25 años, divulgador científico y especialista en neurobiología; y el ya mencionado Mikel Aguirre.

Las infecciones emergentes o reemergentes son aquellas infecciones que originan nuevos microorganismos patógenos o algunos ya conocidos que se convierten en un problema de salud pública, bien porque se convierten en más virulentos, o porque se adaptan a nuevas zonas geográficas. En la actualidad se estima que entre el 60 y 80% de estas infecciones son zoonosis (enfermedades que se transmiten entre especies), la gran mayoría procedentes de animales salvajes. Ejemplos de esta situación serían casos como el Zika, Ébola, etc. En cualquier caso, tal y como explica Basaras, “todos estos microrganismos son una nueva amenaza para el ser humano”.

El control de futuras pandemias

Respecto al futuro de la detección e identificación de estos nuevos microrganismos (como lo fue en su momento el SARS-CoV-2), Aguirre ha indicado que “las actuales PCR cuantitativas o de secuenciación masiva, con su salto tecnológico, han permitido mejorar la detección e identificación de patógenos ya conocidos y descubrir nuevas cepas diferentes a la original”.

Sin embargo, tal y como ha apuntado el especialista, es previsible que estos sistemas, tan útiles en la actualidad, no formen parte de las herramientas de control ante una hipotética pandemia futura. “Ya se están desarrollando nuevas técnicas, conocidas como de tercera generación, que permitirán la detección y descripción genética de forma más rápida y económica de microorganismos que no se conocían y, así, facilitar la identificación de patógenos emergentes (del estilo al SARS-CoV-2) que puedan surgir”, ha explicado Aguirre. Un ejemplo de estos sistemas serían el Nanopore (MinIOn) o el PacBio (Sequel). Estas opciones persiguen eliminar la actual etapa de PCR y trabajar más rápido.

Imposible frenar la amenaza

Los patógenos (como virus, bacterias, parásitos y hongos) forman parte del entorno natural y fluyen entre animales, tanto domésticos como silvestres, y personas. En este punto, Christian Gortázar ha destacado que no se debe buscar culpables, “puesto que el riesgo de emergencia de patógenos es muy similar entre animales de cualquier tipo y los seres humanos”.

“El verdadero problema es que, de forma muy probable, se están acelerando los procesos de emergencia. Tres coronavirus de importancia (SARS-CoV, MERS-CoV y SARS-CoV-2) han emergido en el siglo XXI. De hecho, todos los estudios que analizan tendencias globales sugieren que cada década emergen más zoonosis”, ha afirmado Gortázar.

Existe una relación entre clima, biodiversidad y bienestar de los seres humanos. Pero, tal y como ha indicado el catedrático del CSIS, “el vínculo puede ser positivo o negativo”. El equilibrio depende del uso sostenible de los recursos. Cuando una determinada población alcanza su tope, se estabiliza, ya sea por escasez de recursos o enfermedades. La mala noticia, tal y como ha destacado el especialista, es que “resulta imposible frenar los cambios, puesto que los seres humanos están alcanzando la capacidad de carga máxima del planeta y, con ello, aumenta la probabilidad de que surjan nuevas zoonosis”.

Importancia de la investigación y vigilancia

Ante esta amenaza constante, Basaras ha señalado que “las nuevas técnicas bioinformáticas estiman que en la naturaleza existen cientos de miles de virus que no se conocen”. Además, ha expuesto que “las organizaciones de salud destacan la importancia de investigar todas las enfermedades bajo un contexto de emergencia, incluso aquellas desconocidas en la actualidad”.

La vigilancia sindrómica, junto con una amplia evaluación diagnóstica, debería ser el camino a seguir. Este seguimiento se tendría que enfocar en viajeros, migrantes, personas que trabajan con animales, o que viven en regiones con un alto riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por vectores. Todo ello es crucial para identificar futuros problemas”, ha indicado Basaras.

La culpa es de la actividad humana

Ahora bien, tal y como ha destacado Alberto Santolaria, “los animales no tienen la culpa de estos brotes. Las actividades humanas que invaden de manera insostenible lugares silvestres y las interacciones con ellos las que incrementan el riesgo son las verdaderas responsables”. De hecho, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) alerta sobre cómo el deterioro del medio ambiente está dañando la salud humana: “Los entornos ambientales de alta calidad son una herramienta para prevenir enfermedades”.

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